EL MERCURIO

Numerosos estudios apuntan a la lenta acumulación de mercurio en el cuerpo como la causa principal de enfermedades tan devastadoras como Alzheimer, Parkinson o Autismo. El mercurio es un potente veneno: la ingesta del equivalente a un grano de mostaza produce la muerte. ¡Resulta tóxico en concentraciones de una parte por billón! Aproximadamente el equivalente de un grano de sal en una piscina. Es por esta razón que los empastes dentales metálicos compuestos de un 50% de mercurio resultan tan nocivos para el cuerpo.

Otra fuente constante de mercurio en la dieta procede del pescado.Desgraciadamente, aunque el pescado, única fuente de ácidos grasos Omega-3 EPA y DHA, nutrientes imprescindibles en la dieta de todas las personas, es uno de los alimentos más saludables que existen, actualmente la mayoría se encuentra contaminado con mercurio, otros metales como cadmio, plomo, cromo o arsénico, PCB, dioxinas y otras toxinas. La mayor preocupación concierne a la contaminación por mercurio, metal muy tóxico para el ser humano. Sólamente en Estados Unidos se vierten 40 toneladas de mercurio anuales en la atmosféra, que la lluvia deposita posteriormente en el agua. Aunque en España no se hable de ello por la relevancia que tiene la industria pesquera en la economía, en otros países las autoridades sanitarias ya han alertado de este problema. En Estados Unidos la EPA (Agencia para la Protección Medioambiental) recomienda a las embarazadas evitar la ingesta de pescado como atún, pez espada y otros pescados de gran tamaño, ya que el metilmercurio traspasa fácilmente la barrera placentaria).

La mayoría se preguntará de dónde procede el mercurio que contienen los peces. La respuesta es que una gran parte de la electricidad que se genera en el mundo procede de centrales térmicas cuya materia prima es el carbón. Alrededor del 55% del carbón está contaminado con mercurio. Cuando se quema el carbón el mercurio se evapora y pasa al aire, eventualmente precipitando con las lluvias y acabando en los ríos, de ahí se filtra a las aguas subterráneas para acabar finalmente en los océanos. En consecuencia, miles de toneladas se vierten al océano cada año de este modo. Las bacterias presentes en el agua lo transforman en mercurio orgánico denominado metilmercurio, el cual presenta una amenaza aún mayor para la salud de los seres vivos. Como consecuencia de la cadena trófica (los peces grandes se comen a los chicos) el mercurio se va bioacumulando, por tanto, cuanto mayor es el tamaño del pez más mercurio contiene (de hecho, el hígado de ballena excede 5.000 veces el límite de ingesta de mercurio considerado como seguro). Por otro lado, los peces grandes viven más tiempo que los pequeños, por lo que tienen más tiempo para acumular mercurio en sus tejidos.

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